1966 terminó dejando una sensación extraña en Estados Unidos.
Durante aquel año, más de 6.000 soldados estadounidenses murieron en Vietnam.
Y mientras el gobierno seguía aumentando el número de tropas y bombardeos sobre el Sudeste Asiático, cada vez más familias americanas empezaban a sentir la guerra como algo personal.
Ya no era un conflicto lejano que aparecía en los periódicos.
Ahora entraba cada noche en los televisores.
Helicópteros aterrizando entre humo.
Jóvenes soldados avanzando por la selva.
Listas de muertos creciendo lentamente semana tras semana.
Pero lo más importante quizá fue otro cambio:
el objetivo de la guerra empezó a volverse cada vez más confuso para mucha gente.
Washington hablaba de detener el comunismo y de garantizar la victoria militar.
Sin embargo, para muchos jóvenes americanos aquello empezaba a parecer una guerra sin un final claro.
Y esa división comenzó a sentirse también dentro de la propia sociedad estadounidense.
Una parte del país seguía apoyando plenamente al ejército y confiando en el discurso patriótico tradicional.
Pero otra parte —especialmente muchos estudiantes y jóvenes— comenzaba a mirar Vietnam con dudas, cansancio y desconfianza.
Y mientras América intentaba entender qué estaba ocurriendo… la música acompañaba todos esos cambios.
Sonaba en dormitorios universitarios.
En coches recorriendo autopistas de noche.
En pequeñas radios militares perdidas en Vietnam.
Porque para toda una generación, las canciones de 1966 terminaron convirtiéndose en la banda sonora de un país que empezaba a transformarse para siempre.


